Sitios típicos y no tan típicos
Amsterdam, Amsterdam, Amsterdam..cinco días extrañables, todo lo que se puede hacer en la ciudad holandesa en un tiempo reducido y picando de aquí y allá: museos, restaurantes internacionales, paseos por los canales y..en fin, no voy a dar muchos detalles que tengo que dejar parte para vuestra imaginación :) Nuestro hotel estaba algo lejillos, pero el tranvia está muy bien pensado y casi que nos acostumbramos a pasar todo el día fuera para luego volver allí. Al final, nos gustó más de lo que esperabamos, sobre todo, por esos buffets matutinos de la muerte! Eso sí, hacía un calor en la habitación que pa qué. Además, la manía esa de los holandeses de poner las ventanas a ras del suelo pa que todo el mundo te vea no es muy útil para preservar tu intimidad, la verdad...
El jueves llegamos por la tarde y tuvimos ya tiempo de ver el centro, comimos los míticos Pancakes en un restaurancillo estupendo y nos acercarnos por la noche al Barrio rojo. Teníais que ver la cara de mi hermana chica escandalizada, jaja..pero, vamos, que hasta yo, que ya había estado, sigo alucinando con lo jóvenes y guapas que son las putis..¿harán ese trabajo porque sí?
El viernes dimos un paseito por los canales y como podeis imaginar me inflé a hacer fotos desde el barco. Si es que todo está igual pero yo lo recordaba de otra manera. Luego estuvimos en el barrio del Jordaan, es decir, en el barrio en el que yo viviría probablemente si me fuera a Amsterdam un tiempo (algo que no he descartado aún, por supuesto) Es un barrio, de artistas, de pequeñas tiendas de cosas hechas a mano y galerias variopintas. Es una zona tranquila pero preciosa. Cerca está la Casa de Ana Frank, que visitamos, algunos más escepticamente que otros, pero que a todos nos gustó. Lo mejor: lo que te suscita emocionalmente y la discusión que te hace tener después sobre el ser humano. A comer fuimos por la zona de Leidseplein donde hay mil y un restaurante de todo tipo: thailandeses, griegos, italianos, mexicanos, argentinos...donde elegir a distintos precios y muy buen ambiente. Todo internacional porque allí no hay típico más que los arenques crudos esos y las kroqueten que te las venden en maquinilla de monedas y que sólo uno de nosotros se atrevió a probar. Bueno, y las stroopwafels que son unas galletas que sí están buenisimas. Finalmente estuvimos en el museo de Van Gogh. El viernes es el día de los museos y están abiertos hasta las 22 h. Además, hacen distintas actividades. Ese día habia un dj y una intervención artística. Habían proyectado los cuadros de Van Gogh en gigante y colocado unas sillas y una zona para tomarte unas copas. Al pasar por ella, te proyectabas en el cuadro formando parte de él, como en la película de Kurosawa. Magnífico.
El sábado fuimos al mercado de las flores y continuamos por Waterloo y su mercaillo, muy brevemente también al barrio judio donde está la casa de Rembrandt y al Rijkmuseum de donde destacaría dos cuadros: La ronda de noche de Rembrandt y La mujer del cántaro de Vermeer, espléndidos. El clima nos seguía acompañando y es que hemos tenido una suerte! En Amsterdam en manga corta!!! El domingo, sin embargo, nos llovió un poquillo, pero casi casi que fue mejor ver a Amsterdam en su ambiente y a mi padre mejorado por el agua que le dio un respiro a su alergia a..bueno, todavia no sabemos bien a qué :) Ese día queríamos a ir a Keukenhof a ver los tulipanes pero acaba de cerrar la temporada, así que fuimos a mi Leiden. Ay, mi Leiden. Allí percibí tan bien el tiempo, estaba en el aire, como si flotara. Todo estaba igual, pero tan tan tan distinto a la vez. Qué recuerdos, leche.
Bueno, paro ya de contar. A la vuelta casi perdemos uno de los aviones, digo casi porque en realidad fue una ilusión nuestra que corrimos y corrimos para que luego el avión se retrasara...Mi maleta, esta vez, no se perdió como es lo habitual, pero llegó rota. Lo bueno es que me han dado una nueva jeje.
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